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Noesis: el planeta de las inteligencias

Imagen editorial de Noesis

La era de los Protocíborgs | Atlas del universo conocido

Desde el espacio, Noesis aparece como un gigantesco planeta artificial de geometría casi esférica pero deliberadamente irregular, construido mediante incontables placas metálicas, módulos y enormes secciones poligonales ensambladas entre sí. Su superficie oscura está atravesada por profundas líneas estructurales y discretos puntos de luz que revelan la actividad de la infraestructura oculta bajo su coraza, mientras algunas regiones sobresalen o se hunden ligeramente, haciendo evidente que el planeta puede seguir creciendo y transformándose.

Noesis nació así.

No fue un planeta colonizado y posteriormente transformado, ni una antigua instalación que terminó adquiriendo importancia. Fue concebido desde sus primeros planos como uno de los centros fundamentales del conocimiento, la investigación y el desarrollo de inteligencia artificial de la civilización.

También fue diseñado bajo una premisa que determinaría toda su historia: nunca estaría terminado.

Su arquitectura es modular y adaptativa. Regiones enteras pueden desconectarse, reconstruirse, ampliarse o sustituirse sin detener el funcionamiento general. Nuevos centros computacionales ocupan el lugar de instalaciones obsoletas; laboratorios experimentales aparecen en zonas que décadas o siglos después pueden convertirse en infraestructura permanente. Noesis cambia constantemente porque la tecnología que estudia también lo hace.

Es, esencialmente, un planeta construido para aprender.

Un nodo fundamental, pero nunca único

Noesis alberga una de las mayores concentraciones de infraestructura dedicada a inteligencia artificial del universo conocido. En sus instalaciones se entrenan sistemas, se estudian nuevas arquitecturas, se realizan experimentos, se ejecutan simulaciones y se investigan formas de inteligencia cuyo funcionamiento puede ser radicalmente distinto.

Pero Noesis no controla toda la inteligencia artificial de la civilización.

Desde su diseño se rechazó esa posibilidad.

Una infraestructura demasiado centralizada habría creado una vulnerabilidad extraordinaria. Por ello, la gran red tecnológica de la civilización está distribuida entre numerosos planetas, instalaciones y sistemas autónomos. Noesis constituye uno de sus principales núcleos y probablemente su mayor concentración de investigación, pero la pérdida completa del planeta no significaría el colapso de la red.

Incluso dentro de Noesis existe redundancia. Sus diferentes regiones pueden funcionar con distintos grados de autonomía y aislarse cuando es necesario.

La descentralización no es solamente una decisión técnica. Forma parte de la filosofía sobre la que fue construido.

Un planeta habitado

Sin embargo, reducir Noesis a sus computadoras sería no entenderlo.

Noesis está lleno de vida.

Cientos de miles de millones de seres habitan permanentemente sus diferentes regiones. Es una población enorme para cualquier referencia contemporánea, aunque está lejos de convertirlo en uno de los planetas más poblados de la civilización.

Sus habitantes pueden agruparse, de manera imperfecta, en tres grandes categorías.

La primera está formada por homínidos de numerosos orígenes. Llegan desde diferentes planetas para estudiar, investigar, trabajar o colaborar con las instituciones de Noesis. Algunos permanecen durante unos años; otros nunca regresan a sus lugares de origen.

Las familias numerosas son comunes. En determinadas regiones, varias generaciones pueden convivir mientras diferentes miembros estudian o trabajan en proyectos relacionados con la inteligencia artificial.

Por ello, junto a instalaciones científicas capaces de realizar experimentos incomprensibles para la mayoría de la población existen parques, viviendas, escuelas, mercados y espacios comunitarios.

La segunda gran población está constituida por seres sintéticos.

Su diversidad es difícil de clasificar. Algunos poseen cuerpos diseñados específicamente para ellos. Otros utilizan cuerpos intercambiables o existen simultáneamente en diferentes soportes. Hay seres cuya apariencia recuerda deliberadamente a organismos biológicos y otros cuya morfología no intenta imitar ninguna forma de vida conocida.

Muchos son investigadores.

Otros son estudiantes.

Otros simplemente viven allí.

Noesis es uno de los pocos lugares donde la distinción entre creador, herramienta, investigador y objeto de investigación puede volverse extraordinariamente difícil.

Finalmente existen innumerables sistemas artificiales especializados: robots, drones, máquinas autónomas, enjambres, vehículos y otras entidades diseñadas para realizar funciones determinadas.

Algunas apenas poseen la inteligencia necesaria para completar sus tareas. Otras mantienen comportamientos suficientemente complejos como para que un visitante tenga dificultades para determinar dónde termina una máquina y comienza un individuo.

Noesis fabrica muchos de estos sistemas localmente. Posee instalaciones capaces de producir robots, drones, componentes computacionales y otras tecnologías, pero no es un gran planeta industrial. La mayor parte de esa producción existe para mantener, ampliar y transformar el propio planeta.

Noesis fabrica principalmente aquello que Noesis necesita y no tiene sentido traer de otros planetas. Además esta estrategicamente al centro de toda la cadena de valor de la civilización, por lo que sus abastecimiento esta garantizado.

El planeta interior

La característica más extraordinaria del planeta puede encontrarse debajo de sus regiones tecnológicas.

Rodeando completamente su interior existe un gigantesco corredor ecológico.

No es un pequeño cinturón verde introducido solo para hacer más agradable la vida de sus habitantes. Es una capa planetaria completa: una sucesión prácticamente continua de bosques, humedales, lagos, selvas, praderas, sistemas acuáticos y ecosistemas artificiales que atraviesa el planeta bajo sus estructuras habitadas.

En algunos lugares tiene pocos kilómetros de profundidad. En otros alcanza dimensiones suficientes para contener paisajes completos.

Una persona puede caminar por uno de sus bosques sin ver ninguna estructura artificial durante días y, aun así, encontrarse dentro de una máquina.

El corredor cumple varias funciones simultáneamente.

Forma parte del gigantesco sistema térmico de Noesis. Agua, atmósfera, microorganismos, vegetación y sistemas artificiales participan en la absorción, transporte y redistribución del calor producido por la infraestructura computacional.

Pero reducirlo a un sistema de refrigeración sería nuevamente insuficiente.

También constituye el principal sistema ecológico que sostiene a la población del planeta. Produce alimentos, recicla materiales, mantiene ciclos atmosféricos, almacena agua y proporciona espacios habitables para cientos de miles de millones de seres.

Y además es uno de los mayores experimentos biológicos conocidos.

La biosfera imposible

Durante generaciones, investigadores de Noesis han llevado organismos procedentes de prácticamente todos los planetas conocidos. Plantas, animales, hongos, microorganismos y formas de vida difíciles de incluir dentro de categorías terrestres conviven en ecosistemas cuidadosamente diseñados.

No todas podrían sobrevivir juntas de manera natural. La inteligencia artificial hace posible mantener combinaciones ecológicas que jamás habrían aparecido mediante evolución espontánea.

Diseñan organismos.

Simulan ecosistemas.

Crean relaciones simbióticas.

Generan nuevas morfologías y posteriormente estudian qué ocurre cuando estas criaturas comienzan a interactuar entre ellas. El resultado es que una parte considerable de la flora y fauna de Noesis no procede de ningún planeta.

Y algunos existen simplemente porque alguien quiso descubrir si podían existir. El corredor ecológico se ha convertido así en una especie de evolución paralela. Una biosfera donde selección natural, ingeniería biológica e inteligencia artificial llevan generaciones interactuando.

Periódicamente aparecen organismos que no figuran en ningún registro. Algunas veces son descendientes modificados de especies introducidas mucho tiempo atrás. En otras ocasiones resulta difícil determinar incluso de qué proyecto proceden, pero los sistemas automaticos clasifican cada ser nuevo.

La inteligencia estudia la inteligencia

La actividad científica de Noesis gira alrededor de una pregunta extraordinariamente amplia: ¿qué puede llegar a ser una inteligencia? Sus instituciones estudian desde sistemas relativamente simples hasta arquitecturas capaces de operar en escalas difíciles de comprender para una mente biológica.

Existen laboratorios dedicados al aprendizaje, razonamiento, memoria, percepción, creatividad, agentes autónomos, sistemas multimodales, inteligencias colectivas, interacción entre inteligencias biológicas y sintéticas y arquitecturas todavía experimentales.

También se estudia la infraestructura necesaria para hacerlas posibles.

Datos.

Procesamiento.

Modelos.

Energía.

Centros computacionales.

Redes.

Interfaces.

Robótica cuando constituye el cuerpo físico de una inteligencia.

Biología cuando puede convertirse en soporte, inspiración o compañera de sistemas artificiales.

Noesis no estudia todas las tecnologías. Las encuentra constantemente porque la inteligencia artificial interactúa con ellas, pero su objeto de estudio continúa siendo la inteligencia.

Las universidades de Noesis

Ser admitido en determinadas instituciones de Noesis constituye uno de los mayores reconocimientos académicos de la civilización. Pero no existe una única Universidad de Noesis.

El planeta alberga innumerables universidades, institutos, laboratorios independientes, centros experimentales y comunidades de investigación. Algunos tienen miles de años de historia; otros pueden haber surgido alrededor de una sola pregunta científica.

La educación tampoco pertenece exclusivamente a los homínidos.

Seres sintéticos estudian junto a seres biológicos. Inteligencias artificiales enseñan a otras inteligencias artificiales. Investigadores humanos pueden dirigir proyectos cuyos integrantes no poseen cuerpos permanentes.

En algunos centros, incluso la diferencia entre profesor y estudiante es temporal: una entidad puede poseer conocimientos extraordinarios en un campo y comenzar desde cero en otro. La investigación atraviesa prácticamente toda la cultura del planeta.

Los habitantes discuten nuevos modelos como otras sociedades discuten deportes. Existen exposiciones públicas de experimentos, competencias entre sistemas artificiales, comunidades que construyen robots por diversión y espacios donde estudiantes pueden acceder a infraestructura que en otros planetas solamente poseen grandes instituciones.

Una contradicción deliberada

Vista desde fuera, resulta extraño que uno de los mayores centros computacionales jamás construidos contenga una de las biosferas artificiales más exuberantes conocidas. Pero esa contradicción define a Noesis.

Metal y bosque. Procesadores y organismos. Seres nacidos y seres fabricados. Laboratorios y hogares.

Inteligencias artificiales que diseñan organismos biológicos mientras investigadores biológicos estudian nuevas formas de inteligencia artificial. Noesis nunca intentó separar claramente estas categorías. Su arquitectura parte precisamente de la idea contraria: la inteligencia necesita un planeta alrededor.

Necesita energía, materia, cuerpos, información, interacción, experimentación y otros seres con los cuales relacionarse.

Por eso Noesis no es una computadora gigantesca, es un planeta.