Boren tocó el número trece.
—¿Por qué tantos?
—Son coincidencias de habilidades en perfiles públicos —dijo Malla—. No son persona interesadas. No existe consentimiento para contactarlos.
—Bien. Quiero que siga separado.
Alberto apareció en una llamada desde la Tierra. La pantalla mostraba el nombre clave que había elegido para esa conversación: Terranautta. Había aceptado conversar sobre la posibilidad de salir del planeta y pidió que la charla no se confundiera con una decisión.
—Lo que quiero entender es cómo sería —dijo—. Qué tendría que dejar, qué encontraría al otro lado, cuánto duraría y qué opciones tendría si cambio de opinión.
Elda abrió una plantilla de preguntas. Malla completó los campos que la tripulación podía contestar y marcó con otro color los que seguían sin respuesta. La terminal aún no estaba validada. No podían prometer un procedimiento ni una fecha.
—Entonces por ahora no hay viaje —dijo Alberto.
—No —respondió Orven—. Hay información que reunir y una conversación que puede continuar si tú quieres.
—Quiero seguir hablando. No estoy aceptando salir.
Malla registró el estado correcto: conversación informativa; sin consentimiento para procedimiento ni traslado. No creó expediente médico, perfil de viajero ni reserva de ruta.
Los contactos de la tripulación seguían en la Tierra. Sus permisos de contacto y uso de datos estaban separados; ninguno había aceptado salir del planeta.
Ossa pidió ampliar el encargo de arte con nuevas entregas desde el taller terrestre. Boren preparó el presupuesto sin contar viajes ni ingresos hipotéticos.
—La oferta no necesita que nadie se vaya —dijo Alberto—. Si funciona desde aquí, empecemos por ahí.
Varek envió una propuesta de colaboración para compartir información comercial.
—Paga mejor que nosotros —dijo Boren, leyendo el comparador.
—Y pide acceso a datos que no le pertenecen —dijo Elda.
—No vamos a compartirlos —dijo Orven.
Malla cerró la solicitud. Varek recibió una respuesta breve: no se autorizaba el acceso a esos perfiles.
Al final de la semana, la escuela contrató una asesoría remota. Ossa pagó el segundo lote de piezas. Ninguna de las dos operaciones implicó trasladar a una persona. Boren actualizó el balance y separó los ingresos confirmados de las proyecciones.
Alberto pidió ver el resumen de la conversación sobre salir de la Tierra. Malla mostró únicamente las preguntas y las respuestas generales, sin datos personales de otros contactos.
—¿Y la máquina? —preguntó.
Kes apareció desde el taller.
—Sigue aislada. Las pruebas sintéticas no demuestran que pueda usarse de forma segura con una persona.
—¿Qué falta?
Kes enumeró las pruebas pendientes. Malla puso cada una en la interfaz con responsable, método y condición de cierre.
—Cuando lo sepamos, me lo cuentan —dijo Alberto—. Después decidiré si quiero seguir hablando.
—Así será —dijo Elda.
La llamada terminó. Malla no programó una fecha de viaje; dejó un recordatorio para enviar el informe técnico cuando estuviera completo.
Nema preparó la siguiente ruta comercial. Boren verificó la carga. Ruun revisó el cierre de la esclusa. Orven autorizó el despegue.
La nave salió de la Tierra con mercancías. Los humanos terrestres siguieron en sus casas, talleres y trabajos. La posibilidad de salir existía como tema de conversación, no como hecho ocurrido. Terranautta quería conocer las condiciones; todavía no había decidido nada.
Malla guardó el estado del ciclo: contactos terrestres activos; trabajo a distancia; terminal no validada; ningún traslado humano realizado.